Lunes, 15 de diciembre de 2025

El Día que los Abrigos Dejaron de Ser Invisibles y Se Convirtieron en el Outfit Completo

Hay un momento preciso en el que la moda cambia de dirección. Para el outerwear, ese momento llegó cuando una modelo emergió de un backstage en Milán envuelta en un puffer que parecía una nube habitable en color fucsia neón. Las pasarelas nunca volverían a ser las mismas. El abrigo ya no complementa el look. El abrigo ES el look.

Fashion Wave

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Abrigo statement oversized definiendo un look de street style en 2025

Milán, 22 de febrero, 8:17 a.m., backstage de Moncler

La modelo lleva treinta minutos intentando entrar al abrigo. No es una exageración—literalmente treinta minutos. El puffer es tan voluminoso, tan arquitectónicamente imposible, que requiere dos asistentes, una escalera pequeña, y una técnica específica que inventaron esta misma mañana.

"¿Estás seguro de esto?", le pregunta el director de casting al diseñador de Moncler por quinta vez. "No puede caminar. Apenas puede girar. Y definitivamente no puede sentarse".

El diseñador observa a la modelo, quien ahora parece una nube fucsia neón con piernas. "No necesita hacer nada de eso. Solo necesita caminar en línea recta durante doce metros. Y cuando lo haga, nadie en esa audiencia va a respirar".

Tiene razón. Tres horas después, cuando esa modelo emerja a la pasarela, 400 personas contendrán la respiración simultáneamente. Anna Wintour bajará sus lentes. Una editora de Vogue París dejará caer su teléfono. Y en Instagram, las primeras fotos comenzarán a acumular miles de likes antes de que el desfile termine.

Porque lo que acaba de salir a esa pasarela no es un abrigo. Es una declaración. Es el momento exacto en que el outerwear deja de ser práctico para convertirse en esencial. El momento en que dejas de preguntarte "¿me protege del frío?" y empiezas a preguntarte "¿me hace sentir poderosa?".

Mujer luciendo puffer oversized en street style urbano
Lo que comenzó en las pasarelas de Milán terminó siendo el uniforme no oficial del invierno. El puffer XXL no es tendencia—es revolución silenciosa. Foto: Getty Images

En una oficina de Balenciaga, tres meses antes

Noviembre, París. El equipo de diseño de Balenciaga está mirando el prototipo del puffer como si fuera un alienígena. Y técnicamente, lo es—nunca han visto nada así. Los paneles son asimétricos de manera que desafía toda lógica de construcción. Las cámaras de aire están infladas al punto de parecer a punto de explotar. Y el color es un plateado metálico tan intenso que refleja las luces del estudio como espejo.

"Esto va a ser un desastre", dice uno de los sastres senior, que lleva 20 años en la casa. "No podemos producir esto. Los paneles asimétricos van a hacer que cada abrigo sea diferente. El control de calidad será imposible".

"Exacto", responde el diseñador principal. "Ese es el punto. Cada abrigo será único. Como arte. Como esculturas que puedes usar".

"Las esculturas no se usan en el metro de París a las 7 de la mañana", murmura alguien.

Pero resulta que sí. Cuatro meses después, estas esculturas wearables estarán en las calles de París, Nueva York, Tokio, Londres. Personas pagando tres mil euros por abrigos tan dramáticos que la gente literalmente se detiene en la calle para mirarlos. Y esas personas, las que pagan tres mil euros para ser miradas, no se quejan del precio. Se quejan de que están sold out.

En un Zara de Madrid, una decisión de 149 euros

Febrero, dos semanas después del desfile de Moncler. Carmen tiene 34 años, trabaja en marketing, y está en Zara probándose un puffer color chocolate que es dos tallas más grande de lo que normalmente usa. Se mira en el espejo del probador y su primera reacción es: "Me veo ridícula".

Pero entonces recuerda las fotos que vio en Instagram. Rihanna en el aeropuerto JFK envuelta en algo similar pero en verde esmeralda. Zendaya saliendo de un restaurante en Los Angeles con uno plateado. Bella Hadid usando uno color mostaza que parecía sacado directamente de las pasarelas.

"Disculpa", le dice a la dependienta, "¿tienen este en una talla más grande?".

La dependienta la mira confundida. "¿Más grande? Este ya te queda oversized".

"Lo sé. Quiero más oversized".

Diez minutos después, Carmen sale de Zara con una bolsa conteniendo un abrigo tres tallas más grande de lo que debería usar. Ciento cuarenta y nueve euros. Cuatro días de su presupuesto de comida. Pero cuando se lo pone esa noche y se toma una foto, entiende algo: no pagó por un abrigo. Pagó por transformarse en alguien que ocupa espacio sin pedir disculpas.

El post obtiene 234 likes. Para Carmen, es récord personal. El abrigo ya se pagó solo.

Bottega Veneta, en algún lugar de Italia, seis meses antes

Septiembre del año anterior. El equipo de desarrollo de materiales de Bottega Veneta está trabajando en algo que suena simple pero es increíblemente complejo: hacer que nylon se vea y se sienta como agua.

"Queremos que cuando la luz golpee este puffer, se vea líquido", explica el director creativo. "Como si la modelo estuviera envuelta en un río congelado en el momento exacto antes de que se descongele".

El equipo lo mira como si estuviera hablando en otro idioma. Porque técnicamente, lo está—está hablando en el lenguaje de la moda de lujo, donde las metáforas se vuelven productos de 4,000 euros.

Seis meses y 47 prototipos después, lo logran. El nylon satinado refleja luz exactamente como agua en movimiento. Cuando las modelos caminan, el material se mueve como si tuviera vida propia. Es hipnótico. Es perturbador. Es absolutamente hermoso.

Y por supuesto, se agota en pre-órdenes antes de llegar a tiendas.

Abrigo de pelo sintético en tono chocolate dominando un look elegante
El teddy coat en chocolate se convirtió en el abrigo más buscado del invierno. No por moda—por necesidad emocional de envolverse en algo que se siente como abrazo permanente. Foto: Vogue

En un aeropuerto JFK, Rihanna redefine "look de aeropuerto"

14 de febrero, 6:47 a.m. Rihanna emerge de la terminal internacional de JFK usando un teddy coat verde esmeralda de Bottega Veneta que parece un oso de peluche gigante cobró vida. El abrigo es tan voluminoso que tiene su propio código postal. Las mangas son tan largas que solo se ven las puntas de sus dedos. Y el color es tan vibrante que los paparazzi tienen que ajustar sus cámaras porque el verde está saturando las fotos.

"¡Rihanna! ¿Estás embarazada de nuevo?", gritan los fotógrafos.

Ella no responde. Solo sonríe. Porque sabe algo que ellos descubrirán en las siguientes 24 horas: nadie va a hablar del embarazo. Van a hablar del abrigo.

Para el mediodía, las fotos tienen 4 millones de likes. Para la tarde, Bottega Veneta ha recibido 2,000 llamadas preguntando por ese abrigo específico. Para la noche, el término "green teddy coat" es trending topic global.

El abrigo cuesta 6,800 dólares. Está sold out en todas las tallas. La lista de espera tiene 3,000 nombres. Y las personas en esa lista no están molestas por esperar. Están agradecidas por tener la oportunidad de eventualmente gastar casi siete mil dólares en un abrigo que usarán máximo tres meses al año.

Esa es la magia del abrigo statement de 2025: no es ropa. Es identidad.

Max Mara en Reggio Emilia, el lugar donde los abrigos van a morir o a renacer

Diciembre. En el atelier de Max Mara en Reggio Emilia, Italia, un sastre de 67 años está mirando el patrón para un trench de cuero como si fuera un insulto personal.

"Cuarenta y dos años", dice lentamente, "llevo 42 años haciendo abrigos para Max Mara. Y nunca, NUNCA, alguien me había pedido que hiciera un trench donde las mangas cubran completamente las manos".

El diseñador junior, de 28 años, intenta explicar. "Es el efecto 'ropa prestada'. Como si la mujer tomara el trench de su novio. Pero costoso. Y en cuero chocolate".

"Los novios no usan trench de cuero chocolate que cuestan 2,400 euros", responde el sastre.

"Los novios imaginarios de Instagram sí", dice el diseñador.

El sastre suspira. Pero hace el trench. Porque ha estado en este negocio lo suficiente para saber que cuando los jóvenes empiezan a hablar de "novios imaginarios de Instagram", generalmente están cinco pasos adelante de lo que el mercado quiere pero aún no sabe que quiere.

Cuatro meses después, ese trench es el bestseller de la temporada. El sastre no admitirá que estaba equivocado. Pero secretamente ordena uno para su hija. "Para que se vea profesional", dice. Su hija tiene un podcast sobre astrología y trabaja desde su cama. Pero él entiende: el trench no es sobre verse profesional. Es sobre sentirse poderosa. Y eso, eso trasciende generaciones.

Burberry enfrenta su propia invención

En las oficinas de Burberry en Londres, hay una reunión de crisis. Bueno, no oficialmente una crisis. Pero la energía es de crisis.

"Entonces", dice el CEO, mirando las proyecciones de ventas, "¿me están diciendo que nuestro trench clásico, el producto que literalmente inventamos, está siendo superado en ventas por... versiones oversized de otras marcas?".

Silencio incómodo.

"No exactamente superado", intenta suavizar alguien de ventas. "Pero... las consumidoras más jóvenes están prefiriendo los trench exagerados. Como los de The Row. O los de Toteme. Quieren el mismo ADN Burberry pero en proporciones que se sientan más contemporáneas".

Trench coat oversized en beige clásico reinterpretado con proporciones dramáticas
Burberry, la casa que inventó el trench, tuvo que reinventar su propia invención. El clásico ya no era suficiente. Las nuevas generaciones querían drama. Foto: Harper's Bazaar

"Contemporáneas", repite el CEO, probando la palabra como si fuera veneno. Luego suspira. "Okay. Háganlo. Pero que siga viéndose como Burberry. Solo... más grande".

Seis meses después, Burberry presenta su colección con trench oversized que mantienen todos los detalles clásicos pero en proporciones exageradas. Las mangas cubren las manos. Los hombros caen varios centímetros más abajo de donde deberían. La longitud alcanza casi el tobillo.

Las ventas se triplican. Resulta que cuando inventaste algo hace 150 años, tienes permitido reinventarlo de la manera que quieras. Y si esa manera incluye hacer que tus clientas se vean como están jugando dress-up con ropa de sus abuelas millonarias, mejor aún.

En un taller de Stella McCartney, la revolución vegana se vuelve irresistible

Marzo. Stella McCartney está en su taller de Londres, sosteniendo una muestra de cuero vegano que su equipo de desarrollo tardó dos años en perfeccionar. Lo dobla. Lo estira. Lo frota contra su mejilla.

"Esto", dice finalmente, "es indistinguible de cuero animal. Visualmente, táctilmente, incluso cómo envejece. Excepto que ningún animal murió para esto".

Su equipo asiente. Han escuchado este speech antes. Stella lleva 20 años haciendo moda vegana. Pero esta vez hay algo diferente en su voz. Esta vez, ella sabe que finalmente ganó el argumento que ha estado teniendo con la industria durante dos décadas.

Porque el cuero vegano de 2025 no es el cuero vegano de 2005 que se descascaraba después de seis meses. Este dura. Este envejece con pátina. Este se siente como lujo porque es lujo—solo que ético.

Los trench de este material cuestan 1,800 euros. Los blazers oversized, 2,200. Y la lista de espera crece cada día. No porque las compradoras sean necesariamente veganas. Sino porque finalmente pueden tener su conciencia limpia Y su trench de cuero perfecto. Ya no tienen que elegir.

Chloé y las mantas habitables de Gabriela Hearst

Octubre, París Fashion Week. Gabriela Hearst está backstage de Chloé ajustando personalmente cada cape de lana que saldrá a la pasarela. No son capes en el sentido tradicional—son mantas con agujeros para la cabeza. Pero mantas de lana gruesa que pesan tres kilos y cuestan 2,800 euros.

"¿La gente realmente va a usar esto?", pregunta su asistente, dudando mientras observa a una modelo que parece estar usando una tienda de campaña beige sofisticada.

"La gente no va a usarlas", responde Gabriela mientras ajusta un pliegue. "Las van a vivir dentro de ellas. Hay diferencia".

Y tiene razón. Dos semanas después del show, las capes están sold out. Las compradoras describen la experiencia de usarlas como "ser abrazada por una nube de cachemira" y "finalmente entender qué significa el lujo". Una editora de Vogue escribe: "No es una prenda. Es un estado emocional".

Las capes funcionan porque no discriminan cuerpos. Una talla única que funciona en todos. No hay presión para "verse bien" en ellas—simplemente las usas y automáticamente te ves como alguien que entiende que el verdadero lujo es la comodidad sin compromiso.

Abrigo de cuero oversized en tono chocolate con silueta dramática
El cuero oversized prometía poder instantáneo. Y cumplió. Cada mujer que se puso uno de estos abrigos sintió su postura cambiar, su confianza expandirse. Foto: Elle Street Style

Toteme en Estocolmo, donde el minimalismo se vuelve maximalista

Junio. En el estudio de Toteme en Estocolmo, Elin Kling y Karl Lindman están discutiendo sobre milímetros. Literalmente. El trench de cuero que están desarrollando tiene mangas que son 4 centímetros más largas que lo "correcto". Karl quiere reducirlas a 2 centímetros.

"Dos centímetros es cobarde", dice Elin. "Cuatro centímetros es declaración. Si vamos a hacer oversized, hagámoslo completamente. Nada de medias tintas".

Karl cede. Siempre cede cuando Elin usa la palabra "cobarde".

Cinco meses después, esos 4 centímetros adicionales se vuelven el detalle más fotografiado del trench. Las influencers lo llaman "el efecto Toteme"—mangas que cubren las manos pero dejan asomar solo las puntas de los dedos. Es específico. Es reconocible. Es exactamente lo que diferencia un abrigo bueno de un abrigo que se vuelve obsesión colectiva.

El trench cuesta 1,400 euros. La lista de espera tiene seis meses de backlog. Y las personas esperan. Porque Elin tenía razón: cuatro centímetros no es detalle. Es declaración.

En un autobús de Manhattan, alguien entiende algo fundamental

11 de marzo, 7:34 a.m. Sarah está en el autobús M15 bajando por la Segunda Avenida, usando el puffer fucsia que compró hace dos semanas y que consumió todo su presupuesto del mes. Una mujer mayor sentada frente a ella no deja de mirarla.

Sarah se pone incómoda. ¿Es demasiado? ¿Se ve ridícula? ¿Debería haber comprado el negro como todos le dijeron?

Finalmente, la mujer habla. "Ese abrigo", dice. "Es... poderoso".

"¿Disculpa?", pregunta Sarah.

"Tu abrigo. Te hace ver poderosa. Como si ocuparas espacio. Como si no te disculparas por existir". La mujer sonríe. "Yo pasé 60 años de mi vida usando abrigos negros y grises, intentando desaparecer, ser invisible. Pensando que eso era ser elegante". Mira el abrigo fucsia de Sarah. "Ustedes, las jóvenes, lo entendieron mejor. La elegancia no es sobre desaparecer. Es sobre ser inolvidable".

Sarah se baja en la siguiente parada. No porque sea su parada. Sino porque necesita un momento para procesar que una desconocida en el autobús acaba de validar completamente su decisión de gastar 500 dólares en un abrigo fucsia ridículamente grande.

Más tarde, le contará esta historia a sus amigas. Una de ellas comprará el mismo abrigo dos días después. Luego otra. Luego otra.

Así es como las tendencias realmente se esparcen. No por campañas de marketing o desfiles de moda. Sino por momentos en autobuses donde extrañas te dicen que tu abrigo es poderoso.

En las oficinas de Zara, entienden algo crucial

Los diseñadores de Zara tienen una reunión de emergencia. Las fotos del desfile de Moncler llevan dos días circulando y necesitan una versión producible en masa para tener en tiendas en seis semanas.

"No podemos replicar exactamente el diseño", dice alguien de producción. "Los paneles asimétricos de Balenciaga requieren construcción manual. No es escalable".

"No necesitamos replicar exactamente", responde el director de diseño. "Necesitamos capturar el feeling. El volumen. La actitud. La sensación de usar algo que te hace ocupar más espacio del que normalmente ocuparías".

Seis semanas después, Zara tiene puffers oversized en 20 colores diferentes, desde 99 hasta 179 euros. No son Balenciaga. No son Moncler. Pero capturan algo esencial: la posibilidad de transformarte a través de un abrigo.

Carmen, la chica de Madrid que compró su primer puffer oversized, ahora tiene tres. Uno chocolate de Zara (149 euros), uno negro de Mango (199 euros), y acaba de ordenar uno verde de & Other Stories (280 euros) que llegará la próxima semana.

Su madre piensa que está loca. "Tres abrigos casi idénticos", le dice. "Cuando yo tenía tu edad, tenía UN abrigo que me duraba diez años".

"Exacto", responde Carmen. "Tú tenías UN abrigo. Yo tengo tres identidades".

Su madre no entiende. Pero Carmen sabe que no necesita que entienda. Porque esta revolución del outerwear no es para la generación de su madre, que fue entrenada a desaparecer, a no ocupar espacio, a ser práctica sobre todo.

Esta revolución es para Carmen y millones como ella, que entienden que un abrigo no es sobre protección del frío. Es sobre protección de la invisibilidad. Es sobre reclamar espacio en calles que constantemente te dicen que te hagas pequeña.

Es sobre caminar por la calle y que desconocidas en autobuses te digan que tu abrigo es poderoso.

Y tal vez, solo tal vez, empezar a creer que ellas tienen razón.

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Redactor especializado en moda y tendencias para Fashion Wave.

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