Lunes, 15 de diciembre de 2025

La Revolución Comenzó en el Backstage: Cuando los Maquilladores se Volvieron Más Famosos que los Diseñadores

Eran las 4:32 de la madrugada cuando Pat McGrath mezcló tres productos que no deberían funcionar juntos. Seis horas después, Instagram explotó. No por la ropa del desfile, sino por el maquillaje. Bienvenidos al momento en que los beauty artists dejaron de ser equipo de soporte para convertirse en las verdaderas estrellas del show.

Fashion Wave

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Backstage de Fashion Week con equipo de belleza trabajando en modelo

Milán, 4:32 a.m., el momento antes de que todo cambiara

Pat McGrath lleva despierta 19 horas. Sus manos, que han pintado miles de rostros en tres décadas de carrera, sostienen tres productos que nunca deberían estar juntos: un gloss transparente de su propia línea, un primer de silicona que técnicamente es para piel, y un setting spray que debería usarse al final, no en medio.

"Pat, ¿estás segura?", pregunta su asistente principal, quien la conoce lo suficiente para saber que cuando Pat empieza a experimentar a las 4 de la mañana, o sale algo brillante o sale un desastre que costará millones.

Pat no responde. Mezcla los tres productos en proporciones que solo existen en su cabeza, crea una consistencia que desafía toda lógica cosmética. Se acerca a la primera modelo, una chica rusa de 19 años que ha estado en el backstage de Valentino desde las 2 a.m. y que ahora está medio dormida en la silla de maquillaje.

Aplica la mezcla en los párpados. Espera. Mueve la cabeza de la modelo hacia la luz matinal que apenas empieza a filtrarse por las ventanas del venue. Y entonces lo ve: el efecto exacto que había visualizado tres meses atrás cuando la diseñadora de Valentino le mostró los primeros sketches.

"Esto va a cambiar todo", susurra.

No es dramática. Pat McGrath nunca es dramática cuando se trata de maquillaje. Es profética.

Maquilladora profesional aplicando makeup artístico en modelo backstage
En los backstages de 2025, los maquilladores dejaron de ser soporte técnico para convertirse en artistas cuyas decisiones definían la narrativa completa del desfile. Foto: Getty Images

Seis horas después, 10:47 a.m., la pasarela de Valentino

La primera modelo emerge y algo sucede que nadie esperaba: el silencio. En desfiles de moda, siempre hay murmullo—editores comentando, fotógrafos ajustando cámaras, compradores revisando notas. Pero cuando esta modelo aparece con párpados que parecen literalmente mojados, capturando y reflejando cada flash como espejos líquidos, 400 personas callan simultáneamente.

Anna Wintour baja sus lentes oscuros. La editora senior de Vogue París deja caer su teléfono. En la cuarta fila, una compradora de Bergdorf Goodman le da un codazo a su colega y susurra: "¿Ves eso? No es la ropa. Es el maquillaje. El maquillaje ES la historia".

Para cuando el desfile termina, 23 minutos después, Instagram ya está explotando. Pero no con fotos de los vestidos de Valentino—con close-ups de los ojos. Los párpados glossy. Ese efecto wet que nadie sabe cómo replicar.

La pregunta que todos hacen no es "¿quién diseñó ese vestido?" sino "¿quién hizo ese maquillaje?". Y cuando el nombre Pat McGrath empieza a circular, nadie se sorprende. Por supuesto que fue Pat. Siempre es Pat.

En un aeropuerto de París, tres meses antes

Julio. Pat está en el aeropuerto Charles de Gaulle esperando su vuelo a Nueva York después de reunirse con la diseñadora de Valentino. La reunión duró seis horas. Mostraron sketches, discutieron referencias, probaron muestras de tela. Y al final, la diseñadora le preguntó lo que siempre le preguntan: "¿Qué ves cuando miras esta colección?".

Pat observó los dibujos en silencio por tres minutos completos. Todos en la habitación esperaron. Porque cuando Pat piensa, nadie la interrumpe.

"Veo agua", dijo finalmente. "No agua como transparencia o pureza. Agua como reflejo. Agua que te muestra tu propio rostro pero distorsionado, más interesante. Quiero que cuando estas modelos caminen, sus rostros capturen luz como superficie de lago en movimiento".

La diseñadora de Valentino no entendió completamente lo que eso significaba. Pero confió. Cuando Pat McGrath dice que ve agua, le das agua. Aunque no sepas cómo.

Ahora, sentada en el aeropuerto viendo aviones despegar, Pat abre su libreta—una Moleskine negra llena de diagramas, fórmulas, notas codificadas que solo ella entiende—y empieza a escribir combinaciones de productos. Gloss más primer. Primer más spray. Spray más gloss. Círculos, flechas, signos de interrogación.

El hombre sentado a su lado la mira curiosamente. Ella no lo nota. Está tres meses en el futuro, en un backstage de Milán, creando algo que todavía no existe.

En Londres, Guido Palau tiene una epifanía en la ducha

Agosto. Guido Palau está en la ducha de su casa en Londres cuando sucede. Ha estado trabajando en el concepto para el desfile de Versace durante dos semanas sin llegar a nada que lo emocione. Todo se siente predecible, seguro, aburrido.

Y entonces, mientras el agua corre por su cabello, lo ve: eso. Exactamente eso. Cabello genuinamente mojado. No estilizado para parecer mojado con productos que crean ilusión—literalmente mojado. Recién salido de la ducha. Real. Vivo. Cambiando en tiempo real mientras se seca.

Sale de la ducha, ni siquiera se seca completamente, agarra su teléfono y llama a su asistente principal. Son las 6:34 a.m. Ella responde con voz de dormida.

"Las modelos salen de duchas", dice sin preámbulo. "Segundos antes de caminar. Cabello mojado. Genuinamente mojado. Durante el show se seca naturalmente, cambia, evoluciona. El cabello cuenta historia temporal en tiempo real".

Silencio del otro lado. Luego: "Guido, ¿estás bien?".

"Perfectamente bien. Versace va a odiarlo o va a amarlo. No hay término medio".

Resultó que Versace lo amó. Pero su equipo lo odió. Porque la idea de Guido significaba coordinar tiempos de duchas con secuencia de salida de modelos, significaba impredecibilidad, significaba soltar control—todo lo que los equipos de producción de desfiles detestan.

Estilista trabajando en cabello de modelo durante preparación de desfile
Guido Palau convirtió el cabello en narrativa temporal. No estilizó. Dejó vivir, cambiar, evolucionar. El control perfecto de perder el control. Foto: Vogue Backstage

Backstage de Versace, el día del desfile

10:23 a.m. El equipo de producción de Versace está al borde de un ataque colectivo de nervios. Guido ha instalado duchas portátiles en el backstage. Duchas. Como si esto fuera spa y no desfile que costó tres millones de euros producir.

"¿Y si el timing está mal?", pregunta el director de producción por séptima vez. "¿Y si el cabello se seca demasiado rápido o demasiado lento?".

Guido, con esa calma zen que hace que la gente piense que está loco o es genio (generalmente ambas), responde: "Entonces se seca demasiado rápido o demasiado lento. El cabello está vivo. No podemos controlarlo completamente. Eso es lo hermoso".

La primera modelo sale de la ducha. Literalmente gotea. Un asistente entra en pánico y corre con toalla. Guido lo detiene con una mano.

"No", dice simplemente. "Deja que gotee".

Cinco minutos después, esa modelo camina por la pasarela. Su cabello oscuro pegado al cráneo, aún mojado, moviéndose con peso líquido que ningún producto puede replicar. Las gotas de agua brillan bajo las luces. Y mientras camina, sutilmente, imperceptiblemente para la mayoría, el cabello empieza a secarse. A cambiar.

La audiencia no procesa esto conscientemente. Pero lo sienten. Hay algo real, vivo, imperfecto de manera perfecta en lo que están viendo.

Backstage, Guido sonríe. Ya ganó. Aunque Versace nunca vuelva a contratarlo (lo contratan dos semanas después para tres shows más), ya ganó. Porque acaba de demostrar que el cabello no es solo styling. Es storytelling.

En Amberes, una estudiante de moda ve el video

Octubre, dos semanas después del desfile de Versace. Sofía tiene 22 años, estudia diseño de moda en Amberes, y está en su departamento minúsculo viendo por quinta vez el video del desfile de Versace. Pero no está viendo la ropa. Está obsesionada con el cabello.

Pausa en cada modelo. Hace screenshots. Intenta entender cómo Guido logró ese efecto. En los comentarios de Instagram, lee teorías: "Es gel especial", "Usan productos profesionales que cuestan mil euros", "Es CGI, no es real".

Pero Sofía ha estudiado suficiente para saber la verdad: es agua. Simple agua. Y el genio de Guido no es complicarlo—es simplificarlo hasta lo esencial.

Esa noche, lava su cabello, no se seca, se toma fotos. Las publica en TikTok con el caption: "The Guido Palau effect at home". El video obtiene 340 vistas. No es viral. Pero tres de esas vistas son de chicas en su clase que al día siguiente llegan con cabello mojado.

Comienza pequeño. Siempre comienza pequeño. Tres chicas. Luego seis. Luego una influencer de Copenhague con 200 mil seguidores lo intenta. Su video obtiene 2 millones de vistas. Luego otra influencer. Y otra.

Para noviembre, "wet hair runway" es trending topic. Productos que prometen "efecto mojado" se agotan en Sephora. Y Guido, quien simplemente dejó que el cabello fuera cabello, se convierte en la persona más copiada en beauty de 2025.

Nunca buscó ser viral. Buscó ser honesto. Resultó que honestidad es lo más viral de todo.

Iris van Herpen llama a Pat McGrath antes de tocar una sola tela

Junio. Iris van Herpen está empezando a conceptualizar su colección de otoño-invierno. Tiene ideas—siempre tiene ideas, su cerebro parece conectado a dimensión donde la ropa del futuro ya existe—pero sabe que no puede hacerlo sola.

Lo primero que hace, antes de buscar telas experimentales, antes de contactar a sus colaboradores de impresión 3D, antes de hacer un solo sketch, es llamar a Pat McGrath.

"Necesito que vengas a Amsterdam", le dice. "Necesito que veamos esto juntas desde el principio. La ropa y el maquillaje tienen que nacer como una sola cosa".

Pat está en Nueva York. Tiene 14 reuniones esa semana. Cancela cuatro, reprograma seis, y dos días después está en el estudio de Iris en Amsterdam mirando telas que parecen organismos vivos.

Pasan seis horas sin parar. Iris muestra tejidos que cambian de color según el ángulo. Pat responde con pigmentos holográficos que hacen exactamente lo mismo. Iris muestra una estructura en negro mate que absorbe luz. Pat saca su teléfono, muestra artículo sobre pigmentos usados en paneles solares que literalmente absorben luz, dice: "Puedo conseguir esto en versión cosmética".

Productos de belleza profesional y herramientas de maquillaje backstage
La colaboración entre diseñadores y beauty artists ya no empieza semanas antes del show. Empieza en el primer sketch, en el primer concepto, en el primer pensamiento. Foto: Harper's Bazaar

Al final del día, cuando Pat toma su vuelo de regreso, ambas saben que acaban de crear algo que hará que la gente cuestione dónde termina la ropa y empieza el maquillaje. Porque la respuesta es: en ningún lado. Es una sola narrativa integrada.

Cuatro meses después, en el desfile de Iris, una editora de Vogue escribirá: "Imposible separar la contribución de van Herpen de la de McGrath. Esto no es desfile con buen maquillaje. Esto es obra de arte con dos autoras".

Pat enmarcará esa cita. Porque eso es exactamente lo que quería oír.

En Fendi, la obsesión por el color exacto

Septiembre. El equipo de color de Fendi está en reunión de crisis con Pat McGrath. Han pasado tres semanas intentando crear pigmentos de maquillaje que matcheen exactamente—EXACTAMENTE—los tonos de las telas de la colección.

No aproximadamente. No "bastante cerca". Exactamente.

"Esto es locura", dice uno de los técnicos de color, mirando el espectrofotómetro por décima vez. "Son instrumentos de laboratorio científico. No es cómo se hace maquillaje normalmente".

"Normalmente no es suficiente", responde Pat sin levantar la vista de las muestras. "Fendi quiere monocromo total. Si el vestido es Pantone 19-1431, el eyeshadow, el blush y el lip tienen que ser Pantone 19-1431. No 19-1430. No 19-1432. El mismo."

"¿Por qué?", pregunta alguien más joven del equipo.

Pat finalmente levanta la vista. "Porque cuando lo veas, tu cerebro no va a saber cómo procesarlo. Va a ser desconcertante de manera hermosa. Va a ser monocromo pero dimensional. Va a ser simple y complejo al mismo tiempo. Va a ser inolvidable."

Tres semanas y 47 formulaciones después, lo logran. El día del desfile de Fendi, las modelos salen en looks completamente monocromáticos. Una en chocolate completo. Otra en camel total. Otra en gris que parece sombra cobró forma humana.

Un crítico de moda escribirá después: "No estaba viendo ropa. Estaba viendo pinturas de Rothko caminar". Pat guardará ese review también.

Charlotte Tilbury y la obsesión por la piel perfecta

Backstage de Tom Ford. Charlotte Tilbury, otra leyenda del runway makeup aunque menos omnipresente que Pat, está haciendo su ritual pre-show: revisar la piel de cada modelo bajo tres tipos diferentes de luz.

Luz natural. Luz de tungsteno. Luz LED fría. Bajo cada una, la piel se ve diferente. Los problemas invisibles bajo una luz se vuelven obvios bajo otra.

"La piel es todo", le dice a su equipo de 12 maquilladores. "Si la base está mal, todo lo demás está mal. No importa cuán perfecta sea tu técnica de eyeshadow o cuán caro sea tu producto. Piel primero. Siempre piel primero."

Uno de los maquilladores junior levanta la mano tímidamente. "Pero en tutoriales de YouTube todos usan los productos caros, las bases de lujo..."

Charlotte lo interrumpe gentilmente. "¿Quieres saber qué estoy usando hoy para lograr esa piel 'perfecta' que ves en runway?". Señala una mesa llena de productos. "Embryolisse Lait-Crème. Cuesta 15 dólares. Existe desde 1950. Armani Luminous Silk, que puedes comprar en cualquier Sephora. NARS Radiant Creamy, que probablemente ya tienes en casa."

"Entonces, ¿cuál es el secreto?", pregunta el junior.

"No hay secreto. Hay técnica. Hay saber exactamente cuánto aplicar y dónde. Hay entender que 'natural' en runway significa 20 minutos de aplicación cuidadosa de cinco productos diferentes en capas tan finas que son individualmente invisibles pero colectivamente transformadoras." Charlotte sonríe. "El secreto es que no hay secreto. Solo trabajo."

El maquillador junior asiente, decepcionado. Esperaba fórmula mágica. En cambio, obtuvo verdad: la magia es trabajo disfrazado de facilidad.

Backstage de Balmain, la revolución de las cejas

11:47 a.m. Una modelo lleva 15 minutos sentada mientras dos personas trabajan exclusivamente en sus cejas. No porque tenga cejas problemáticas. Porque en 2025, las cejas dejaron de ser afterthought para convertirse en lo feature.

La técnica es soap brow—literalmente usar jabón para peinar cejas hacia arriba en posición dramática. Suena ridículo. Como algo que harías porque te quedaste sin productos, no porque es la técnica definitiva de belleza de 2025.

"¿Por qué jabón?", pregunta la modelo, que es nueva y aún hace preguntas.

"Porque el jabón actúa como gel de fijación extrema pero sin verse rígido", explica el estilista de cejas (sí, existe posición llamada "estilista de cejas" ahora). "Gel hace que las cejas se vean duras, congeladas. Jabón las mantiene en posición pero mantiene movimiento natural. Es fijación sin sacrificar vida."

La modelo no entiende completamente, pero cuando ve el resultado final en el espejo, lo entiende. Sus cejas están dramáticamente peinadas hacia arriba, cambiando completamente su expresión, haciéndola ver más fuerte, más confiada, más presente. Y de alguna manera, todavía se ven naturales. Solo que naturales con intención.

Close up de modelo con maquillaje artístico mostrando técnica de cejas
Las cejas dejaron de ser marco para convertirse en escultura. Cada pelo importa. Cada ángulo cuenta una historia. Quince minutos de trabajo que parecen effortless. Foto: Beauty Backstage

En Comme des Garçons, llevan esto más lejos. Una modelo tiene cada pelo de sus cejas individualmente envuelto en hoja de oro microscópica. El proceso toma tres horas. Tres. Horas.

"¿Vale la pena?", pregunta alguien del equipo de producción, claramente estresado por el tiempo.

La maquilladora responsable no responde verbalmente. Solo señala a la modelo. Bajo las luces, las cejas brillan como si fueran hechas de luz solidificada. Es hipnótico. Es art. Es absolutamente innecesario y completamente esencial al mismo tiempo.

Esas cejas generarán 200 millones de impresiones en redes sociales. Tres horas de trabajo transformadas en momento cultural. Sí, valió la pena.

Daniel Roseberry de Schiaparelli dice "no" al nude

Septiembre, tres semanas dentro de Fashion Month. El consenso es claro: esta temporada es sobre labios nude, casi invisibles. The Row lo hizo. Khaite lo hizo. Toteme lo hizo. Todos lo hacen.

Daniel Roseberry está en reunión con Pat McGrath preparando el show de Schiaparelli. Pat muestra paleta de nudes perfectos. Daniel los mira como si fueran insulto personal.

"No", dice.

Pat levanta una ceja. En 30 años de carrera, no mucha gente le dice "no" a Pat McGrath.

"¿No?", pregunta.

"Rojo", dice Daniel. "Necesito rojo. No rojo bonito. Rojo que asusta. Rojo que advierte. Rojo que cuando lo ves desde la última fila, todavía ves desde la última fila. Rojo que dice 'me comí tu alma y me gustó el sabor'."

Pat sonríe. Finalmente, alguien interesante. "Okay. Dame tiempo."

Lo que sigue son 47 intentos. Cuarenta y siete formulaciones diferentes de rojo. Porque el problema con rojos intensos en runway es que bajo luces específicas tienden a verse naranja. O a perderse completamente contra telas rojas. Este rojo tiene que ser perfecto bajo cualquier iluminación.

Pat termina contactando a fabricante de pinturas especializadas para autos de lujo. Literalmente. Pinturas automotrices.

"Tienen pigmentos que mantienen color bajo cualquier condición", explica a su equipo. "Si funcionan en autos que van a 200 kilómetros por hora bajo todo tipo de luz, deberían funcionar en labios bajo luces de runway."

El fabricante piensa que está loca. Pero adaptan sus pigmentos para uso cosmético. Tres meses y medio millón de dólares de desarrollo después, tienen el rojo perfecto.

Cuando las modelos de Schiaparelli salen con esos labios rojos que parecen arma, que prometen peligro y placer en igual medida, algo cambia en Fashion Month. De repente todos quieren statement lips. El consenso nude se desintegra en 23 minutos.

Eso es poder. No cambiar mentes—cambiar cultura entera con un color de labios.

Marc Jacobs y el cabello que cuenta historia temporal

Para Marc Jacobs, Guido Palau crea algo que parece simple pero es ingeniería química compleja: cabello que evoluciona durante el show.

Modelos al inicio: cabello perfectamente peinado, casi rígido en perfección. Modelos a mitad del show: cabello empezando a deshacerse, mechones sueltos. Modelos al final: cabello completamente lived-in, despeinado pero de manera que se ve intencional, cool, real.

El truco son tres productos aplicados en timing específico. El primero es fijación ultra-fuerte con químicos que se descomponen con calor corporal. El segundo es activado por movimiento. El tercero, aplicado mientras modelos esperan backstage, está diseñado para romper gradualmente la fijación del primero.

Nadie en la audiencia entiende esto conscientemente. Pero todos lo sienten. El show no es sobre ropa estática—es sobre día vivido, sobre mujer que empieza perfecta y termina real. Sobre la belleza que emerge cuando dejas de intentar controlarla.

Un crítico escribirá: "Marc Jacobs no presentó colección. Presentó día en la vida. Y Guido Palau fue el narrador."

El producto de 15 dólares que está en todos los backstages

Hay un producto que aparece en absolutamente todos los backstages de Fashion Month. No importa si es Valentino o una marca emergente de Brooklyn. No importa si Pat McGrath es el lead o un maquillador que está haciendo su primer runway. Este producto está ahí.

Embryolisse Lait-Crème Concentré.

Cuesta 15 dólares. El packaging parece de farmacia francesa de los 50s. No hay nada glamoroso en él. Y es perfecto.

"¿Por qué este?", le pregunta un reportero de Allure a Charlotte Tilbury durante entrevista backstage.

Charlotte toma el tubo blanco, casi aburrido en su simplicidad. "Porque funciona. Porque ha funcionado desde 1950. Porque a veces la mejor tecnología es la que ya existe y solo necesitamos ser lo suficientemente humildes para usarla."

En el backstage de Dior, Pat McGrath usa el mismo producto. En el backstage de Chanel, otro maquillador lo usa. En el backstage de un diseñador emergente que apenas puede pagar el venue, lo usan.

Es el gran ecualizador. El producto que dice: no se trata de cuánto gastas. Se trata de saber qué funciona.

Cuando la audiencia dejó de mirar la ropa primero

Hay un momento en el desfile de Valentino que alguien captura en video y que se vuelve viral. No es momento planeado. Es accidente hermoso.

La cámara no enfoca la modelo. Enfoca la audiencia. Y lo que captura es fascinante: la primera modelo sale, y casi todos—editores, compradores, influencers—miran primero su rostro. Los ojos van directo a esos párpados glossy que Pat creó. Procesan el beauty look. Y solo después bajan a ver la ropa.

Esto nunca sucedía antes. Tradicionalmente, ojos van a la ropa primero. El beauty es afterthought, algo que notas después si es particularmente llamativo.

Pero en 2025, algo cambió fundamentalmente. El beauty se volvió tan integral, tan importante para la narrativa, que el rostro es donde la historia comienza.

Una editora de Teen Vogue tuitea después: "Fui a ver ropa. Terminé escribiendo sobre maquillaje. Y eso es exactamente lo que debería pasar."

Pat McGrath retuitea sin comentario. No necesita comentario. La victoria habla por sí misma.

París, medianoche, el último show de Fashion Month

Es pasada la medianoche. El último desfile de Fashion Month terminó hace dos horas. Backstage está en caos—equipos empacando, modelos quitándose maquillaje (finalmente), diseñadores colapsados.

Pat McGrath está sentada en una esquina, todavía impecable después de 16 horas de trabajo, mirando fotos del show en su teléfono. Hace zoom en detalles que nadie más notaría.

"¿Ves esto?", le dice a su asistente, señalando un párpado. "El highlight está 2 milímetros más alto de lo que planeamos."

Su asistente mira. Honestamente no ve diferencia. "¿Importa?"

"Todo importa", responde Pat. "Próximo show, ajustamos."

Guido Palau está dos esquinas más allá, desenredando personalmente el cabello de una modelo que hizo tres shows hoy. Podría dejar que un asistente haga esto. Pero no lo hace. Porque cada interacción con cada modelo es oportunidad de aprender algo nuevo sobre cómo se comporta el cabello.

Una modelo junior que está viendo esto le pregunta a otra con más experiencia: "¿Siempre son así?".

"¿Obsesivos?", pregunta la modelo senior.

"Comprometidos", corrige la junior.

"Siempre", responde la senior. "Eso es lo que los hace leyendas. No es talento—hay miles de personas talentosas. Es que nunca, nunca se conforman con suficientemente bueno."

Afuera, París continúa siendo París. Pero aquí dentro, en este backstage que se está desmantelando, en esta esquina donde Pat todavía busca maneras de mejorar algo que ya fue perfecto, en este momento donde Guido trata el cabello de una modelo desconocida como si fuera lo único que importa en el mundo—aquí está la verdadera historia de Fashion Month 2025.

No es sobre los desfiles que viste. Es sobre el trabajo que no viste. Es sobre las 4:32 a.m. cuando alguien mezcla tres productos que no deberían funcionar juntos. Es sobre las tres horas envolviendo pelos individuales de cejas en oro. Es sobre el jabón usado como gel. Es sobre el agua siendo más honesta que cualquier producto.

Es sobre elevar belleza al mismo nivel que moda. Sobre hacer que la pregunta "¿quién hizo tu maquillaje?" sea tan importante como "¿quién diseñó tu vestido?".

Y en 2025, finalmente, gloriosamente, esa pregunta importa igual.

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Redactor especializado en moda y tendencias para Fashion Wave.

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