Lunes, 15 de diciembre de 2025

Met Gala 2025: Zendaya y su Traje Masculino Perfecto, Rihanna Embarazada Sorprende y la Noche que Celebró el Arte Afroamericano

El primer lunes de mayo, las escaleras del Metropolitan Museum se convirtieron en el escenario de una revolución silenciosa. Zendaya desafió las convenciones con un traje blanco impecable mientras Rihanna revelaba su tercer embarazo, marcando una noche donde la elegancia afroamericana reclamó su lugar en la historia de la moda.

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Escaleras del Metropolitan Museum durante la Met Gala 2025

Las 6:47 p.m. cuando Manhattan contuvo el aliento

Los últimos rayos de sol de mayo rebotaban contra las ventanas del Metropolitan Museum cuando el primer SUV negro se detuvo frente a las escaleras. Law Roach revisó por tercera vez el corte perfecto de los pantalones mientras Zendaya respiraba hondo dentro del vehículo. "Es hora de reescribir algunas reglas", murmuró él, ajustando la corbata blanca de seda que había tardado quince minutos en anudar esa tarde.

Afuera, Anna Wintour ya estaba en posición, sus lentes oscuros reflejando las primeras luces de los flashes. Esta no sería una Met Gala más. "Superfine: Tailoring Black Style" no era solo un título para una exhibición, era una declaración, una conversación pendiente que la industria de la moda debía tener consigo misma.

Traje blanco masculino perfectamente cortado con pantalones amplios y saco estructurado
La sastrería blanca de Louis Vuitton que Zendaya lució en la Met Gala 2025 rindió homenaje a la tradición del zoot suit afroamericano de los años 40. Foto: Getty Images

Un traje que habla sin palabras

Cuando Zendaya emergió del vehículo, el murmullo de la prensa se detuvo por completo. No había joyas llamativas, ni escote dramático, ni toneladas de tela. Solo un traje blanco de Louis Vuitton tan perfectamente cortado que parecía haber sido pintado sobre su cuerpo. Los pantalones amplios caían con la precisión de una cascada detenida en el tiempo, cada pinza exactamente donde debía estar. Las hombreras del saco oversized creaban una silueta que Malcolm X hubiera reconocido, que los zazous franceses hubieran aplaudido, que los jóvenes de Harlem en los años 40 hubieran entendido como un código.

"Es sobre poder", había dicho Zendaya esa mañana durante la última prueba, mientras Law Roach ajustaba el largo exacto de las mangas. "Cuando un hombre negro se ponía un traje impecable en 1943, no era vanidad. Era supervivencia. Era dignidad. Era un acto político".

La corbata delgada de seda blanca, la camisa de cuello alto, los zapatos Oxford bicolor que combinaban negro y blanco como si fueran teclas de piano. Hasta la cadena de reloj dorada, el único accesorio visible, parecía calculado para contar una historia más grande que la propia actriz. Law Roach había pasado seis semanas investigando fotografías de Cab Calloway, de Duke Ellington entrando a clubs donde no podía sentarse en la platea, de jóvenes latinos en Los Ángeles usando el zoot suit como armadura contra un mundo que los quería invisibles.

Tres pisos arriba, Rihanna se mira al espejo

A las 7:02 p.m., en una suite del hotel cercano al museo, Rihanna se observaba en un espejo de cuerpo completo mientras John Galliano hacía los últimos ajustes a la cola de tres metros de su vestido Maison Margiela Artisanal. El satén color marfil reflejaba la luz de manera casi líquida, y el drapeado estratégico sobre su vientre no ocultaba nada: lo celebraba.

"¿Estás segura de que quieres hacerlo así?", le había preguntado su manager esa mañana. Rihanna solo sonrió. Había anunciado sus dos embarazos anteriores en sus propios términos, y esta noche, con el mundo entero mirando, haría exactamente lo mismo.

Los bordados florales tridimensionales del vestido parecían florecer desde su cuerpo, como si la maternidad fuera un jardín que ella cultivaba con intención. Galliano había trabajado doscientas horas en esas flores, cada pétalo cosido a mano, porque Rihanna le había dicho algo que él nunca olvidaría: "El cuerpo de una mujer embarazada no necesita ser 'disimulado'. Necesita ser honrado".

Vestido de satén marfil con drapeado arquitectónico y cola dramática
El vestido Maison Margiela Artisanal diseñado por John Galliano para Rihanna presentaba bordados florales 3D que tardaron 200 horas en completarse. Foto: Reuters

A las 7:23 p.m., cuando Rihanna colocó su mano sobre su vientre en las escaleras del Met, el tiempo pareció detenerse. Los fotógrafos bajaron sus cámaras por un segundo, como si ese gesto fuera demasiado íntimo para capturar. Pero luego los flashes explotaron como una tormenta de luz, y las redes sociales comenzaron a arder. En menos de cuatro minutos, "Rihanna embarazada" era trending topic en 89 países.

Janelle Monáe desafía la gravedad y el género

A las 7:45 p.m., Thom Browne estaba backstage apretando los puños mientras veía a Janelle Monáe ascender las escaleras del Met con su creación más ambiciosa: un traje escultura en blanco y negro que parecía desafiar las leyes de la física. "¿Cómo se sostiene?", murmuraba alguien en la multitud. Monáe sonreía con ese aire enigmático que la caracteriza, sabiendo que esa era exactamente la pregunta que querían provocar.

El traje combinaba elementos masculinos y femeninos de una manera que hacía que esas categorías perdieran sentido. Hombreras exageradas que se convertían en volúmenes arquitectónicos, una falda que era también pantalón, mangas que parecían alas. Era moda como declaración filosófica: ¿quién decide qué cuerpos pueden usar qué prendas?

Bad Bunny lleva el Caribe a la Quinta Avenida

El puertorriqueño llegó casi una hora tarde, y nadie le importó. Cuando finalmente apareció con su traje color chocolate de Jacquemus, la energía cambió. La camisa de seda color crema abierta hasta el tercer botón, las cadenas de oro que colgaban como herencia familiar, los lentes oscuros que se negaba a quitar. "El tema es sastrería afroamericana", le había dicho alguien de su equipo esa tarde. "Hermano", respondió Bad Bunny, "en el Caribe somos todos una mezcla. Mi abuela era negra de Loíza. Este traje es para ella".

Las joyas statement en oro macizo no eran solo accesorios. Eran la memoria de una bisabuela que usaba aretes grandes para que nadie olvidara que ella era dueña de su propio cuerpo, de su propia presencia.

Escaleras majestuosas del Metropolitan Museum iluminadas para evento nocturno
Las icónicas escaleras del Metropolitan Museum se transformaron en la pasarela más importante del mundo durante la Met Gala 2025. Foto: AP

Kim Kardashian y el silencio del cuerpo cubierto

A las 8:15 p.m., Kim Kardashian subió las escaleras en completo silencio. El body negro de Balenciaga la cubría de pies a cabeza, incluyendo guantes que se integraban a la prenda como una segunda piel. Sin rostro visible, sin curvas reconocibles, sin el espectáculo que todos esperaban.

"¿Entendió el tema?", susurraban los críticos de moda agrupados en la entrada. "Tal vez lo entendió demasiado", respondió André Leon Talley desde algún lugar del más allá, su voz resonando en la memoria colectiva de todos los presentes. El minimalismo radical de Kim era, quizás, su propia forma de decir: "Por una noche, déjenme ser invisible para que otros brillen".

Beyoncé llega sin necesidad de gritar

Queen B llegó a las 8:47 p.m., casi al final de la alfombra roja. El vestido columna negro de Givenchy no tenía nada extraordinario en papel: ningún detalle arquitectónico, ninguna pedrería que cegara, ninguna cola imposible. Pero cuando Beyoncé Knowles-Carter se para frente a las cámaras, el vestido se vuelve irrelevante. Es solo un marco para la presencia.

A su lado, Jay-Z vestía un smoking clásico, y juntos subieron las escaleras como si fueran suyas. Porque, de cierta manera, lo eran. Diez minutos después, Kelly Rowland y Michelle Williams aparecieron, y la foto de las tres juntas rompió Instagram. Destiny's Child reunidas en el lugar donde la moda se encuentra con el arte, veinte años después de haber revolucionado la música pop.

Dentro del museo: "Superfine" como manifiesto

La exhibición "Superfine: Tailoring Black Style" ocupaba tres salas del Costume Institute. En la primera, un traje zoot de 1943 colgaba bajo luz tenue, las costuras perfectas después de ochenta años. La tarjeta explicativa decía: "Durante la Segunda Guerra Mundial, usar un zoot suit era un acto de rebelión. El gobierno estadounidense había racionado la tela, pero los jóvenes negros y latinos insistían en sus trajes amplios. Eran arrestados por ello. Golpeados por ello. Y aun así, los seguían usando".

En la segunda sala, fotografías del Harlem Renaissance llenaban las paredes. Duke Ellington en su camerino, ajustándose un traje de tres piezas antes de salir a tocar en un club donde no podría sentarse entre el público. Josephine Baker en París, usando la sastrería masculina como provocación y liberación. Cada imagen era un testimonio de cómo la ropa puede ser política, memoria, resistencia.

La tercera sala presentaba diseños contemporáneos de creadores afroamericanos: Ozwald Boateng con su sastrería british-ghanaian, Kerby Jean-Raymond de Pyer Moss con sus trajes que llevan nombres de víctimas de violencia policial bordados en el forro, Fe Noel celebrando las diáspora caribeña con textiles que cuentan historias. Telfar Clemens había donado uno de sus blazers unisex con el mensaje bordado en el cuello: "Not for you, for everyone" (No para ti, para todos).

Evento de gala nocturno con iluminación elegante y ambiente sofisticado
El after party de la Met Gala 2025 continuó hasta las primeras horas de la mañana en diferentes locaciones de Manhattan. Foto: Getty Images

Coco Jones canta en las escaleras

A las 9:30 p.m., algo inesperado sucedió. Coco Jones, con un vestido dorado que parecía fundido directamente sobre su piel, se detuvo a mitad de las escaleras del museo y comenzó a cantar. No había micrófono, no había pista de audio. Solo su voz, clara y poderosa, interpretando una versión a capella de "A Change Is Gonna Come" de Sam Cooke.

Los guardias de seguridad no sabían si detenerla. Anna Wintour levantó una mano: déjenla. Durante tres minutos y cuarenta segundos, la Met Gala se detuvo. Las celebridades dejaron de posar, los fotógrafos bajaron sus cámaras, y todos escucharon. Cuando terminó, el silencio duró cinco segundos antes de que comenzara el aplauso.

"No estaba planeado", dijo Jones después a Vogue. "Pero estaba parada ahí, en esas escaleras, pensando en todas las personas negras que construyeron este país y nunca fueron invitadas a lugares como este. Sentí que tenía que cantar. Por ellos".

El discurso de Anna Wintour a las 10:15 p.m.

Dentro del museo, después de la cena, Anna Wintour subió al podio con el mismo vestido floral de Chanel que había usado en la primera Met Gala que organizó hace décadas. Su voz, normalmente contenida, tembló ligeramente cuando comenzó a hablar.

"Durante demasiado tiempo, esta industria ha tratado la contribución de los diseñadores, artistas y creadores negros como una nota al pie. Como una categoría especial. Como un 'mes' al año. Esta exhibición, esta noche, es un intento de corregir eso. Pero no nos engañemos: una gala no borra siglos de exclusión. Un tema no reescribe décadas de pasarelas donde los cuerpos negros eran excepciones, no la norma".

Hizo una pausa. En las mesas, rostros como el de Edward Enninful, Naomi Campbell, y Virgil Abloh's familia absorbían cada palabra.

"La moda que celebramos esta noche no es 'moda negra'. Es simplemente moda. Moda que ha definido lo que significa ser cool, ser elegante, ser innovador. Y es hora de que esta industria reconozca que nunca fuimos nosotros los que inventamos el estilo. Solo aprendimos a apropiárnoslo".

El aplauso fue ensordecedor. Tres mesas después, Zendaya limpió discretamente una lágrima de su mejilla sin arruinar el maquillaje.

Los after parties: donde la historia continúa escribiéndose

A la 1:47 a.m., en el ático de Rihanna en Manhattan, cincuenta personas cuidadosamente seleccionadas celebraban lejos de las cámaras. La anfitriona se había cambiado a un conjunto de seda color melocotón, y finalmente confirmaba lo que todos ya sabían: "Sí, bebé número tres está en camino. Y sí, lo anuncié en la Met Gala porque ¿dónde más lo haría?".

En un restaurante discreto cerca del museo, Anna Wintour cenaba con Edward Enninful, Naomi Campbell y Ozwald Boateng, discutiendo no sobre moda, sino sobre estrategia. "Necesitamos más diseñadores negros en los consejos de las grandes casas. No como directores creativos que pueden ser despedidos. En los consejos, donde se toman las decisiones de dinero", decía Enninful mientras cortaba su steak.

A las 2:30 a.m., en el Meatpacking District, Bad Bunny había transformado un club en un improvisado after party caribeño. Reggaetón, salsa y afrobeat se mezclaban mientras celebridades todavía en sus vestidos de gala bailaban junto a locales que habían logrado colarse. "Esto es lo que el Caribe siempre ha sido", gritaba Bad Bunny sobre la música, "una fiesta donde todos los africanos, taínos, europeos, asiáticos se mezclan y crean algo nuevo".

Las voces que quedaron fuera de la alfombra

A las 3:15 a.m., en un diner a diez cuadras del Met, tres jóvenes diseñadores negros independientes compartían papas fritas y café. No habían sido invitados a la gala. Ninguno había vendido suficientes prendas para justificar una invitación, ninguno tenía el respaldo de una casa europea, ninguno había aparecido en Vogue.

"Bonito tema", dijo uno de ellos con ironía, "celebrar el estilo negro mientras las mismas marcas que nos ignoran todo el año visten a las celebridades". Otro agregó: "Zendaya se veía increíble. Pero ese traje es Louis Vuitton. ¿Cuántos diseñadores negros independientes vistieron a alguien esta noche?".

Silencio. La respuesta era: menos de cinco.

La tercera diseñadora, la más joven, miró su celular donde las imágenes de la gala seguían llegando. "Algún día", dijo finalmente, "será normal. No será un 'tema especial'. Será solo... moda. Nuestra moda". Los otros dos asintieron, y pidieron más café. Tenían trabajo que hacer.

Adriana Lima y la sastrería que atraviesa fronteras

A las 8:30 p.m., casi olvidada entre las celebridades estadounidenses, Adriana Lima había hecho su entrada con un traje sastre color esmeralda de Valentino que mezclaba la tradición italiana con cortes inspirados en el dandismo afrobrasileño. La supermodelo, que había pasado dos décadas definiendo estándares de belleza en Victoria's Secret, ahora usaba su plataforma para expandir la conversación.

"En Brasil, no hablamos de 'moda negra' y 'moda blanca'", dijo después a un reportero de The New York Times. "Hablamos de samba, de capoeira, de la ropa que nuestras abuelas cosían a mano. Todo eso tiene raíces africanas. La sastrería brasileña que el mundo admira existe porque sastres negros la perfeccionaron".

Cuando las 4:47 a.m. llegaron a Nueva York

Las últimas celebridades abandonaban Manhattan en SUVs negros. Los trabajadores del museo comenzaban a limpiar copas de champagne y a recoger servilletas olvidadas. En los pisos superiores, la exhibición "Superfine" permanecería abierta durante los próximos cuatro meses, esperando a visitantes que vendrían a entender algo que la moda ha tardado siglos en reconocer.

Zendaya estaba de vuelta en su hotel, todavía sin quitarse el traje blanco. Law Roach le había tomado mil fotos desde todos los ángulos, documentando cada detalle. "Este traje va a estar en libros de historia", le dijo él. Ella sonrió cansada: "Espero que esté en libros donde se entienda por qué importa. No solo cómo se veía".

Rihanna, en su ático, se había quitado finalmente el vestido Maison Margiela y observaba el amanecer sobre el East River con una mano sobre su vientre. Su publicista le mostraba los números: 500 millones de interacciones en Instagram, trending topic global durante seis horas, cientos de artículos ya publicados. "¿Crees que se acuerden del tema o solo del embarazo?", preguntó Rihanna. "Se acordarán de ambos", respondió su publicista. "Y eso es suficiente".

Amanecer sobre el skyline de Nueva York con el río East River al frente
El amanecer del 6 de mayo de 2025 encontró a Manhattan procesando una noche que sería recordada como un punto de inflexión en la historia de la moda. Foto: Unsplash

A las 6:00 a.m., los titulares de los periódicos ya estaban escritos. "Zendaya reina en la Met Gala con traje perfecto". "Rihanna embarazada sorprende al mundo". "La noche que la moda celebró el estilo negro". Todos ciertos, todos insuficientes.

Porque lo que realmente había sucedido esa noche no cabía en un titular. Era más sutil y más profundo: por primera vez en la historia de la Met Gala, la contribución afroamericana a la moda no era un "homenaje" o una "inspiración". Era el tema central, el punto de partida, la conversación principal.

Y en un diner a diez cuadras del museo, tres jóvenes diseñadores negros seguían tomando café, dibujando bocetos en servilletas, planeando colecciones que nadie les había pedido pero que el mundo necesitaba ver. Porque la historia que comenzó esa noche no terminaba con el amanecer. Apenas estaba empezando a escribirse.

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Redactor especializado en moda y tendencias para Fashion Wave.

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