Lunes, 15 de diciembre de 2025

Victoria's Secret Fashion Show 2025: La Noche que Nueva York Volvió a Brillar

El 15 de octubre de 2025, Nueva York vibró con el regreso del Victoria's Secret Fashion Show. No fue solo un desfile: fue la reaparición de un ícono cultural transformado, un espectáculo que no negó su historia pero tampoco se limitó a repetirla, convirtiendo la pasarela en un espacio de presencia, diversidad y potencia.

Lugo Bruno

Lugo Bruno

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El regreso del Victoria's Secret Fashion Show a Nueva York en 2025

La Ciudad que Sabía que Estaba ante una Noche de Regreso y de Prueba

El 15 de octubre de 2025, Nueva York volvió a brillar con el regreso del Victoria’s Secret Fashion Show. La ciudad, acostumbrada a los grandes espectáculos, parecía vibrar de manera distinta, como si supiera que estaba ante una noche de regreso y de prueba. No era solo un desfile: era la reaparición de un ícono cultural que había sido cuestionado, modificado, detenido y ahora relanzado bajo la promesa de un cambio.

El estadio elegido estaba preparado como si fuera un teatro futurista. Desde temprano, una fila extensa se formó alrededor del edificio, gente que llegaba con celulares en alto, tacones que golpeaban el suelo con ritmo propio, voces entrecortadas comentando lo que se sabía, lo que se deseaba, lo que se imaginaba que iba a suceder allí adentro. Había expectación, sí, pero también una especie de tensión delicada, como la de quien observa el regreso de algo que alguna vez dio brillo y luego se desmoronó. ¿Podía renacer sin repetirse? ¿Podía ser nuevo sin dejar de ser lo que fue?

Transmisión en vivo del Victoria's Secret Fashion Show 2025 desde Nueva York

Un Espacio Diseñado para la Fluidez

Al ingresar, lo primero que llamaba la atención era el diseño del espacio. La pasarela no era recta ni previsible: se curvaba levemente hacia los costados, como un río que se bifurca antes de volver a unirse. Era una decisión estética calculada, una forma de sugerir fluidez, movimiento continuo, una pasarela que se adaptaba y no imponía dirección única. Sobre ella, luces suspendidas en diferentes alturas creaban un mapa aéreo, como constelaciones artificiales dispuestas para iluminar cada gesto.

Cuando las luces bajaron, no fue un apagón brusco, sino una transición lenta, casi cinematográfica. Un pulso grave comenzó a escucharse desde los parlantes, un sonido repetitivo, profundo, que parecía venir desde el piso. La pantalla central proyectó una serie de imágenes abstractas: alas, agua, humo, destellos metálicos.

Madison Beer: La Voz que Inauguró la Noche

Y entonces, Madison Beer apareció en escena. Su voz inauguró la noche. No era un tema eufórico, sino uno que crecía de a poco, como una respiración que se vuelve canto. Caminaba lentamente, marcando el ritmo de la primera pasada. Las modelos que la acompañaban tenían movimientos precisos, casi coreográficos: pasos seguros, hombros relajados, una expresión en el rostro que no buscaba seducir, sino afirmar.

La diversidad era visible, pero no presentada como una bandera explícita: simplemente estaba ahí, encarnada, caminando. El público captó ese gesto de inmediato. Había algo diferente, y esa diferencia se hacía sentir en los detalles. Los cuerpos no se mostraban como objetos a contemplar desde lejos, sino como presencias que ocupaban la escena con autonomía. No era solo moda para mirar, sino moda que hablaba.

Karol G: La Explosión de Color y Potencia

La primera explosión llegó con Karol G. La música cambió de golpe, con percusiones más marcadas y un ritmo que se expandía por el aire. La cantante apareció rodeada de luces rosadas y doradas, teñidas con un brillo casi húmedo que hacía pensar en pétalos y fuego al mismo tiempo. Caminó con seguridad, con el dominio de alguien que sabe que está protagonizando un momento histórico dentro de un espectáculo que antes reservaba las alas solo para modelos específicas.

Su alas eran gigantes, sí, pero no reproducciones del pasado: estaban confeccionadas con capas translúcidas que reflejaban la luz como vidrio coloreado bajo sol. Una mezcla de artesanía, diseño y teatralidad. Al moverse, las alas parecían cambiar de textura. El público estalló en aplausos. Algunos levantaron los teléfonos, otros simplemente se quedaron quietos, como quien sabe que está presenciando un instante irrepetible.

Karol G durante su actuación en el Victoria's Secret Fashion Show 2025
Karol G deslumbró con un conjunto rojo y alas de ángel mientras interpretaba temas de su álbum Tropicoqueta. Foto: REUTERS/Brendan McDermid

Una Sucesión de Escenas Articuladas

El desfile continuó con una sucesión de escenas que se articulaban entre sí, como capítulos dentro de la misma historia. La música, la luz y los pasos formaban una trama conjunta. Había segmentos más vibrantes, con colores eléctricos y ritmos rápidos, donde las modelos casi bailaban sobre la pasarela. Luego, había momentos donde la luz se volvía más tenue, como si un susurro entrara por las paredes del lugar.

En esas escenas más tranquilas, los detalles se volvieron protagonistas. Las telas parecían respirar, ondularse al ritmo del movimiento de hombros y caderas. Había encajes que caían como brumas, tejidos metálicos que simulaban piel líquida, transparencias que no buscaban provocar, sino revelar formas diferentes de estar en el cuerpo.

Bella Hadid desfilando durante la actuación de Karol G en el Victoria's Secret Fashion Show 2025
Bella Hadid regresó a la pasarela luciendo un conjunto rojo mientras Karol G interpretaba 'Ivony Bonita'. Foto: REUTERS/Brendan McDermid

"Renacer de los Ángeles": El Momento Culminante

Entonces llegó uno de los momentos más esperados: el segmento llamado “Renacer de los Ángeles.” La sala quedó completamente oscura. Se escuchó la respiración del público. Luego, una línea de luz dorada comenzó a aparecer desde el fondo de la pasarela, avanzando lentamente, como el amanecer cortando la noche. Al iluminar el centro, se vio la primera modelo. Caminaba sola, con paso lento y firme. Luego otra. Y otra. Algunas eran rostros conocidos. Otras eran nuevas. Juntas, formaban una imagen que no evocaba nostalgia sino continuidad.

Las alas, en este segmento, eran obras de arte. Algunas estaban hechas de plumas intervenidas con pigmentos minerales. Otras parecían estructuras metálicas salidas de una escultura arquitectónica. Había alas inspiradas en coral marino, otras en alas de insectos aumentadas, casi microscópicas. Cada par era distinto. Cada una contaba su propia historia. La pasarela ya no era un escenario para mostrar cuerpos: era una galería viva.

Sabrina Carpenter: Un Punto de Inflexión Emocional

La música cambió una vez más. Sabrina Carpenter apareció bajo una luz suave, casi lechosa, y comenzó a cantar una balada lenta. Las modelos avanzaban de a dos, mirándose entre sí más que al público. A veces, sus dedos se rozaban. A veces, sus pasos se sincronizaban de manera exacta, como si hubieran ensayado esa cercanía durante semanas. Esa escena marcó un punto de inflexión emocional. Un momento de quietud en medio de la fiesta.

El Cierre: Celebración y Luz

El cierre fue el reverso total de esa suavidad. Luces saturadas, colores brillantes, confeti que caía desde el techo de manera gradual. La música se volvió expansiva. Las modelos regresaron juntas. Ya no caminaban: celebraban. Se reían. Se tomaban de la mano. Se movían como si la pasarela fuera pista de baile. El público se levantó. No para despedir, sino para acompañar.

Una Declaración de Cambio

El Victoria’s Secret Fashion Show 2025 no fue simplemente el regreso de un espectáculo. Fue una declaración de cambio. La firma no negó su historia, pero tampoco se limitó a repetirla. Transformó sus símbolos. Reescribió sus imágenes. La ciudad volvió a brillar, sí, pero esta vez la luz venía de un lugar más amplio, donde la pasarela dejaba de ser un escenario de aspiración y se convertía en un espacio de presencia, de cuerpos que existen en su complejidad, en su diversidad, en su potencia.

Sobre el autor

Lugo Bruno

Lugo Bruno

Redactor especializado en moda y tendencias para Fashion Wave.

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