Moda Sostenible 2025: Las Marcas Éticas que Están Cambiando la Industria y Cómo Sumarte al Movimiento
En un taller de Bangladesh, una costurera de 19 años sostiene un teléfono que acaba de mostrarle cuánto vale realmente el vestido que cose por 3 dólares al día. Esa foto, compartida millones de veces, cambiaría para siempre cómo el mundo ve la ropa que usa. Esta es la historia de cómo la moda sostenible dejó de ser un ideal y se convirtió en una revolución.

Fashion Wave
24 de abril de 2013, 8:45 a.m., Dhaka, Bangladesh
El edificio Rana Plaza se derrumbó con 1,134 personas adentro. La mayoría eran mujeres jóvenes que cosían camisetas de $5 dólares para marcas occidentales. Dentro de los escombros, los rescatistas encontraron etiquetas de marcas que todos reconocíamos, logos que llevábamos puestos sin pensar dos veces.
Doce años después, en octubre de 2025, Reshma Begum está de pie en el mismo terreno donde casi muere. Pero ahora no hay escombros. Hay un centro de capacitación textil donde 200 mujeres aprenden a coser para marcas que pagan salarios justos, que garantizan seguridad, que ven a las trabajadoras como humanas en lugar de costos operativos.
"Tardamos doce años", dice Reshma mientras muestra las nuevas máquinas de coser alemanas. "Pero finalmente, el mundo está escuchando". En su teléfono, muestra fotos de celebrities usando ropa de la cooperativa donde trabaja. Stella McCartney visitó el mes pasado. Emma Watson antes de eso. Ya no cosen en la oscuridad. El mundo las está mirando.
En el laboratorio secreto de Bolt Threads, California, algo crece
Marzo de 2024. Dan Widmaier está observando a través de un microscopio algo que parece piel pero no lo es. Es micelio, las raíces subterráneas de los hongos, y acaba de inventar el futuro del cuero sin matar un solo animal.
"Toma dos semanas crecer", explica mientras sostiene una hoja flexible de lo que llaman Mylo. "Comparado con años para criar una vaca, alimentarla, sacrificarla, curtir su piel con químicos tóxicos. Y esto", toca el material, "es carbono negativo. Mientras crece, absorbe CO2 del aire".
Stella McCartney fue la primera en creerle. Luego Adidas. Después Lululemon. Para octubre de 2025, Mylo está en bolsos que cuestan $800 dólares y en sneakers que están en lista de espera de seis meses. No es cuero vegano barato que se despega al año. Es lujo que creció en un laboratorio en lugar de en el cuerpo de un animal.
"La gente me pregunta si esto matará la industria del cuero", dice Widmaier mientras camina entre los tanques donde crece el micelio. "Yo les digo: la industria del cuero se está matando sola. Nosotros solo estamos ofreciendo el funeral y la alternativa".
Yvon Chouinard regala su empresa de $3 mil millones
Septiembre de 2022. El fundador de Patagonia, de 83 años, firmó papeles que transferían la propiedad de su compañía a un fideicomiso dedicado a combatir el cambio climático. No vendió. No pasó la empresa a sus hijos. La regaló al planeta.
"La tierra es ahora nuestra única accionista", decía el comunicado. Wall Street entró en pánico. ¿Cómo podía un CEO regalar miles de millones? Pero para octubre de 2025, tres años después, Patagonia había ganado más dinero que nunca. Las ventas subieron 40%. La lealtad de marca alcanzó niveles nunca vistos.
En una tienda Patagonia en Manhattan, una clienta de 28 años está devolviendo una chaqueta que compró hace siete años. "Tiene un hoyo", explica. El empleado la mira, sonríe, y dice: "Te la reparo gratis. Tardamos tres días". No le ofrece una nueva. Le ofrece extender la vida de la que tiene.
"Solíamos pensar que nuestro trabajo era vender más chaquetas", explica Rose Marcario, ex-CEO de Patagonia, en una conferencia en octubre de 2025. "Ahora sabemos que nuestro trabajo es hacer que las chaquetas que vendimos duren para siempre. Es mal negocio en el corto plazo. Es el único negocio viable en el largo plazo".
En un apartamento de Brooklyn, una diseñadora llora por razones opuestas
Maya Chen está en el piso de su estudio en Williamsburg, rodeada de telas teñidas con cáscaras de nuez y pétalos de flores. Durante tres años, inversores le dijeron que su marca de ropa sostenible era "demasiado nicho", que "el marrón no vende", que necesitaba "ser más mainstream".
Entonces llegó diciembre de 2024 y Pantone anunció Mocha Mousse como color del año. Tres semanas después, Chen tenía pedidos por 25 dólares la hora.
"Mi mamá me dijo que la moda sostenible era el futuro", cuenta mientras muestra fotos de su abuela cosiendo en México. "Todos me dijeron que estaba loca. Que la gente solo quiere Zara y H&M. Pero mi abuela hacía un vestido y lo usaba treinta años. Esa era la normalidad. Nosotros somos los locos, comprando 60 piezas nuevas al año y tirándolas después de usarlas cinco veces".
Su marca, Terrenal, usa solo tintes naturales y algodón orgánico. Cada prenda viene con instrucciones de cómo repararla y una promesa: si se rompe en los primeros cinco años, ella la arregla gratis. "No es caridad", explica. "Es garantizar que lo que hago realmente sirve".
Lo que Zendaya entiende sobre el poder de la repetición
Marzo de 2025. Zendaya llega a una premiere en Los Ángeles usando el mismo abrigo de Stella McCartney que usó hace dos años en otra alfombra roja. Las fotos circulan con un nuevo tipo de titular: "Zendaya Re-Wears: El Nuevo Lujo".
Law Roach, su estilista, había planeado esto durante meses. "Solíamos obsesionarnos con nunca repetir un look", explica después en Instagram. "Como si usar algo dos veces fuera vergonzoso. Pero ¿saben qué es realmente vergonzoso? Tener un clóset lleno de ropa que usaste una vez mientras el planeta se está quemando".
El movimiento se volvió viral. #RewearItProud acumuló 40 millones de posts en tres semanas. Celebrities comenzaron a publicar fotos de ellos usando la misma ropa en múltiples eventos. El estigma de la repetición, que había alimentado décadas de consumo desenfrenado, comenzó a desmoronarse.
Para junio de 2025, Vogue publicó un editorial completo de Bella Hadid usando solo piezas que ya poseía, algunas de hace cinco años. El título: "El Clóset Más Sostenible Es El Que Ya Tienes". Fue su artículo más compartido del año.
En las oficinas de Reformation, una alarma que nadie quería escuchar
Agosto de 2024. Yael Aflalo, fundadora de Reformation, estaba mirando los números de su RefScale, el sistema que mide el impacto ambiental de cada prenda que producen. Los datos eran claros: incluso siendo "sostenibles", seguían contribuyendo al problema.
"Nos dimos cuenta de que hacer menos daño no era suficiente", cuenta en octubre de 2025, en su oficina de LA donde las paredes están cubiertas de gráficos de emisiones de carbono. "Teníamos que hacer más bien que daño. Ser carbono negativo, no neutral. Restaurar, no solo preservar".
La respuesta fue radical: por cada prenda vendida, Reformation plantaría suficientes árboles para no solo compensar las emisiones de esa prenda, sino las emisiones de vida de tres prendas de fast fashion promedio. Esencialmente, cada compra en Reformation compensaría el daño que los clientes habían hecho comprando en Zara.
"La gente decía que era marketing", Aflalo se ríe mientras muestra fotos de los bosques en California que están reforestando. "Pero llevamos un año haciéndolo y hemos plantado 2.3 millones de árboles. Si esto es marketing, ojalá todas las marcas hicieran marketing así".
Emma Watson y el vestido que llevaba una pregunta
Abril de 2016. Emma Watson llegó a la Met Gala con un vestido hecho completamente de botellas de plástico recicladas. En el dobladillo, bordado en letras pequeñas, decía: "Who made my clothes?" (¿Quién hizo mi ropa?).
Nueve años después, en octubre de 2025, esa pregunta ya no es radical. Es esperada. Fashion Revolution, el movimiento que Watson ayudó a popularizar, ha logrado que 85% de las marcas principales publiquen información sobre sus cadenas de suministro. Ya no pueden esconderse.
Carry Somers, fundadora de Fashion Revolution, está en su oficina de Londres revisando los datos de este año. "En 2013, cuando preguntabas a una marca quién hacía su ropa, te miraban como si estuvieras loca", recuerda. "Ahora, si no pueden responder, los consumidores los cancelan. El poder ha cambiado de manos".
La semana de Fashion Revolution en abril de 2025 generó 500 millones de interacciones en redes sociales. Celebrities, desde Billie Eilish hasta Timothée Chalamet, publicaron fotos de etiquetas de su ropa preguntando a las marcas por transparencia. Las que no respondieron vieron sus acciones caer. Las que sí lo hicieron ganaron clientes de por vida.
Lo que una niña de 12 años le enseñó a Gucci
Septiembre de 2023. Lucía Méndez, de 12 años, escribió una carta a Alessandro Michele, entonces director creativo de Gucci, preguntándole por qué usaban pieles de animales cuando existían alternativas. La carta, escrita en español con traducciones de Google al inglés, terminaba: "Mi abuela dice que el verdadero lujo es no tener que matar para ser bello. ¿Usted qué piensa?".
Michele respondió. No con una carta corporativa, sino con una invitación. Lucía voló desde México a la sede de Gucci en Florencia, Italia. Pasó una semana en los talleres, viendo cómo hacían bolsos, chaquetas, zapatos. Y al final, Michele le hizo una promesa: Gucci eliminaría todas las pieles reales para 2030.
Para octubre de 2025, Gucci está adelantado a su promesa. 70% de sus colecciones ya usan alternativas. Mylo de Bolt Threads. Piñatex de hojas de piña. Incluso están desarrollando su propio material de cactus en colaboración con diseñadores mexicanos.
"Lucía tenía razón", dice Michele en una entrevista con Vogue en 2025. "El lujo del siglo XX era exclusión: solo para los que podían pagarlo, solo usando los materiales más raros, sin importar el costo. El lujo del siglo XXI es inclusión: bello, duradero, y hecho de manera que el planeta pueda soportarlo. Si tu bisnieta no puede disfrutar del mismo planeta que tú, ¿qué tan lujoso es realmente tu bolso?".
En un vertedero de Ghana, una montaña que no debería existir
Kantamanto Market, Accra. Cada semana, 15 millones de piezas de ropa usada llegan desde países occidentales. El 40% está tan dañado que es inmediatamente basura. Se acumula en montañas de 20 metros de alto, ropa de Zara y H&M que alguien en Londres usó dos veces y tiró pensando que sería "reciclada" o "donada".
Salomon Nii Tackie trabaja clasificando esta ropa. Tiene 26 años y lleva ocho haciendo esto. "La gente en Europa y América piensa que están siendo buenos donando su ropa vieja", dice mientras sostiene una camiseta de Forever 21 que se está desintegrando en sus manos. "Pero esto no es donación. Es tirar su basura en nuestro patio".
En octubre de 2025, un grupo de diseñadores ghaneses liderados por Tackie lanzaron una línea de ropa hecha completamente de estas "donaciones". Deconstruyen las piezas, mezclan las telas, crean nuevos diseños. Se llama "Afterlife Collection" y se vende en tiendas boutique en Nueva York por $200-500 dólares la pieza.
"Occidentales pagan 300 por nuestra camiseta hecha de sus desechos. La ironía es perfecta. Pero al menos ahora, el dinero se queda aquí. Y la ropa no termina en el océano".
Hailey Bieber y el armario de 30 piezas
Enero de 2025. Hailey Bieber publicó un video en TikTok mostrando su clóset. No era el walk-in gigante que todos esperaban. Era un espacio pequeño con exactamente 33 piezas de ropa. "Esto es todo lo que he usado en los últimos seis meses", explicaba. "Y honestamente, hay cosas que ni toqué".
El concepto de "capsule wardrobe" no era nuevo, pero ver a una de las mujeres más fotografiadas del mundo practicándolo cambió la conversación. Karla Welch, su estilista, reveló después que todas esas 33 piezas eran de marcas sostenibles: Reformation, Stella McCartney, The Row, Patagonia.
"La gente piensa que estilo es tener mil opciones", explicó Welch en un podcast. "Pero yo he descubierto que estilo es saber exactamente quién eres y tener las piezas perfectas que expresan eso. Hailey puede crear 100 looks diferentes con esas 33 piezas porque cada una fue elegida intencionalmente".
Para marzo de 2025, "capsule wardrobe" había sido buscado 40 millones de veces en Google. Marcas de fast fashion reportaron su primera caída de ventas en dos décadas. Reformation abrió 20 tiendas nuevas. Everlane tuvo que duplicar su producción. El mensaje estaba claro: menos es más, pero solo si ese menos es significativamente mejor.
Lo que Patagonia sabe sobre tus hijos
Julio de 2025. Patagonia lanza un programa llamado "Worn Wear Kids": por cada chaqueta infantil que compres, la marca te la recompra cuando tu hijo crezca, la repara, y la revende a otra familia. Esencialmente, alquiler de ropa infantil con opción de compra.
"Los niños crecen tan rápido que la ropa que les compras dura seis meses si tienes suerte", explica la página del programa. "¿Por qué desperdiciar recursos en hacer ropa nueva cuando podemos hacer circular la que existe?". El programa incluye ropa que ha pasado por seis niños diferentes. Algunas chaquetas tienen parches con las iniciales de todos los niños que las usaron, como un árbol genealógico textil.
Rachel Hagen, de Portland, está en una tienda Patagonia con su hija de 4 años, devolviendo una chaqueta que compró hace un año. "Me encanta esto", dice mientras el empleado inspecciona la prenda. "No me siento culpable de comprarle ropa que sé que usará poco tiempo porque sé que alguien más la usará después. Y cuando veo chaquetas con cinco nombres bordados, pienso: wow, esta prenda ha tenido una vida interesante".
Para octubre de 2025, el programa Worn Wear Kids tiene lista de espera de tres meses. No porque no haya suficiente ropa nueva, sino porque los padres específicamente quieren las piezas que ya han sido "probadas" por otros niños.
En Copenhague, una revolución que huele a café
Mayo de 2024. Ganni, la marca danesa que se convirtió en el uniforme no oficial de las chicas cool escandinavas, anuncia que eliminará completamente el poliéster virgen de sus colecciones para 2027. Todo será orgánico, reciclado, o innovador.
Pero no se detienen ahí. Lanzan un programa donde si devuelves cualquier prenda Ganni vieja, la marca la transforma en algo nuevo y te da 20% de descuento en tu próxima compra. No la reciclan en el sentido tradicional, donde la ropa se tritura en fibras. La deconstruyen cuidadosamente y usan las piezas para crear nuevos diseños.
"Es upcycling industrial", explica Nicolaj Reffstrup, fundador de Ganni, en su oficina minimalista en Copenhague. "Cada prenda que regresa nos cuenta algo sobre cómo la gente usó nuestra ropa, qué se rompió primero, qué duró más. Estamos aprendiendo a hacer mejor ropa de nuestra propia ropa vieja".
Para octubre de 2025, Ganni ha procesado 50,000 prendas devueltas. La "Ganni Repeat" collection, hecha de estas piezas transformadas, se agota en horas cada vez que lanzan nuevos diseños. Las piezas cuestan lo mismo que las nuevas, pero tienen algo extra: una etiqueta que dice "Esta prenda es su segunda vida. La primera la vivió en [ciudad]. Tú le estás dando la segunda".
Eileen Fisher y el arte de diseñar para siempre
Una diseñadora de 72 años está en su estudio en Nueva York mirando un boceto de un vestido. No es un vestido nuevo. Es el mismo vestido que diseñó en 2010, con ajustes mínimos. "¿Por qué cambiar algo que funciona?", pregunta Eileen Fisher, la mujer que construyó un imperio de moda de $400 millones diseñando ropa tan atemporal que es casi aburrida.
Casi. Porque en 2025, cuando todo lo demás es ruido y cambio constante, la ropa de Fisher es un refugio. Formas simples en lino y lana. Colores que existían antes de Pantone y existirán después. Prendas que una mujer de 25 y una de 65 pueden usar con la misma confianza.
"El sistema de la moda está roto porque está diseñado para hacerte sentir que lo que tienes está obsoleto cada tres meses", dice Fisher mientras camina por su archivo, donde guarda una pieza de cada diseño que ha hecho en 38 años. "Yo diseño para que te enamores una vez y mantengas ese amor por décadas".
Su programa "Renew" recompra ropa Eileen Fisher usada, la limpia, repara si es necesario, y la revende. Algunas piezas son de los años 90 y todavía se ven contemporáneas. "Eso", señala Fisher, "es diseño sostenible real. No es hacer ropa de algodón orgánico que se ve obsoleta en dos años. Es hacer ropa que trasciende el tiempo".
La conversación que Rihanna tuvo con su hija
Marzo de 2025. Rihanna está en su casa de Los Ángeles, embarazada de su tercer hijo, mirando su clóset con su hija de 3 años. La niña señala un vestido de Savage X Fenty de 2022 y pregunta: "Mami, ¿este vestido también va a ser mío cuando crezca?".
Esa pregunta cambió algo en Rihanna. En abril de 2025, anuncia que Savage X Fenty lanzará una línea "Heritage" usando solo materiales que puedan durar 30+ años. "Quiero que mi hija pueda usar mis vestidos", explicó en Instagram. "No como vintage cool, sino como ropa que genuinamente todavía sirve. Eso significa construir diferente desde el principio".
La línea Heritage cuesta 3x más que la línea regular de Savage X Fenty. Cada pieza viene con una garantía de 10 años y un compromiso: si se daña, Rihanna la repara gratis. "No estoy tratando de venderte más ropa", dijo en el video de lanzamiento. "Estoy tratando de venderte la última ropa de lencería que necesitarás comprar en una década".
Para junio de 2025, Heritage está agotada. Lista de espera: ocho meses. Porque resulta que cuando Rihanna, una de las personas más ricas y famosas del mundo, dice que está eligiendo calidad sobre cantidad, la gente escucha.
En las montañas de Perú, un experimento de color
Septiembre de 2024. Marina Silva está en los Andes peruanos recolectando hojas de indigo silvestre. Es la quinta generación de su familia trabajando con tintes naturales, pero es la primera en ser buscada por marcas de lujo europeas.
"Mi bisabuela hacía esto porque no había alternativa", explica mientras muestra las hojas que se convertirán en un azul profundo. "Yo lo hago porque finalmente la industria se dio cuenta de que los tintes sintéticos están matando ríos enteros. Y mis colores duran más, se ven mejor conforme envejecen, y no envenenan a nadie".
Para octubre de 2025, Silva tiene contratos con Stella McCartney, Gabriela Hearst, y tres marcas danesas. Su pequeño taller en los Andes emplea a 40 mujeres de comunidades locales que aprenden técnicas que casi se perdieron. Los colores que producen - índigos, rojos de cochinilla, amarillos de cúrcuma, marrones de nogal - están apareciendo en pasarelas de París.
"Lo irónico", dice Silva, "es que durante siglos, la industria textil luchó por crear colores sintéticos que imitaran estos colores naturales. Ahora están pagando fortunas para regresar a lo original. A veces el progreso es circular".
Lo que The Row enseña sin decir nada
Mary-Kate y Ashley Olsen nunca hicieron un anuncio sobre sostenibilidad. Nunca pusieron un sello verde en su ropa. Simplemente, desde que fundaron The Row en 2006, hicieron ropa tan perfectamente construida que comprarla barata sería imposible y tirarla sería un crimen.
Un abrigo de cachemira de The Row cuesta 29. Comparado con un abrigo de Zara de 8 por uso. Los números cuentan una historia diferente cuando calculas largo plazo.
"Ellas nunca dicen 'sostenible'", observa una editora de moda en octubre de 2025. "Dicen 'calidad', 'artesanía', 'hecho para durar'. Pero el resultado es el mismo: ropa que no termina en vertederos. Es sostenibilidad para gente que nunca compraría nada etiquetado como sostenible".
En el showroom de The Row en Nueva York, hay piezas de su primera colección en 2006 que todavía se ven contemporáneas. Esa, quizás, es la definición más pura de moda sostenible: ropa tan bien diseñada que nunca necesita ser reemplazada.
Emma Chamberlain y el clóset que dejó de crecer
Febrero de 2025. La influencer con 12 millones de seguidores en TikTok hace algo radical: anuncia que no comprará ropa nueva durante seis meses. En su lugar, cada semana mostrará un "outfit challenge" usando solo lo que ya tiene.
Los primeros videos son torpes. "Creo que he usado estos jeans cinco veces en tres años", admite, riéndose de sí misma. Pero semana tras semana, algo cambia. Los outfits se vuelven más creativos. Descubre piezas que olvidó que tenía. Aprende a combinar cosas que nunca pensó que funcionarían juntas.
Para mayo de 2025, el experimento termina. Chamberlain ha perdido 200,000 seguidores, pero ha ganado 3 millones nuevos. Su video final, "Por qué nunca volveré a comprar ropa como antes", tiene 23 millones de vistas. La generación Z, que creció con hauls de Shein y closets desbordados, de repente está interesada en tener menos.
"No me volví minimalista", aclara en el video. "Solo me volví intencional. Cada vez que quiero comprar algo nuevo, me pregunto: ¿esto va con al menos cinco cosas que ya tengo? ¿Lo usaré 50 veces? ¿Puedo pagarlo sin sentir culpa? Si la respuesta a cualquiera es no, no lo compro. Y resulta que la mayoría del tiempo, la respuesta es no".
En Tokio, una tienda que solo vende ropa vieja
Junio de 2025. PASS THE BATON es una tienda en Harajuku que solo vende ropa de segunda mano, pero no cualquier ropa. Cada pieza viene con una tarjeta que cuenta su historia: quién la compró originalmente, por qué la amó, por qué la dejó ir, qué espera que la próxima persona haga con ella.
Un vestido Comme des Garçons de 2015 tiene una tarjeta escrita por Yuki, 32: "Lo usé en mi primera cita con mi ahora esposa. Lo usé cuando me propuso matrimonio. Lo usé en nuestro pequeño juzgado boda. Ahora estamos embarazadas y no me queda. Pero este vestido tiene demasiadas memorias buenas para guardarlo en un closet. Espero que quien lo use siguiente cree sus propias memorias. Y cuando ya no lo necesite, que lo pase adelante también".
El vestido se vende en dos horas. Por más de lo que costó nuevo. Porque ya no es solo ropa. Es historia, es continuidad, es la antítesis del fast fashion donde nada tiene significado más allá de la temporada actual.
"En Japón, tenemos el concepto de 'mottainai'", explica el fundador de la tienda. "Es la sensación de pesar cuando algo útil es desperdiciado. La ropa rápida y barata ha matado ese sentimiento. Estamos tratando de revivirlo. Y está funcionando".
Cuando Vogue finalmente lo admitió
Septiembre de 2025. Anna Wintour está en su oficina del One World Trade Center mirando los layouts del número de octubre de Vogue. La portada es Zendaya, pero no usando nada nuevo. Está usando un traje de Armani de 1998 que encontraron en un archivo.
El editorial completo es "Vintage: El Nuevo Lujo". 40 páginas de ropa de hace 10, 20, 30 años que se ve más relevante que nada en las tiendas actuales. Es la primera vez que Vogue dedica su número más importante del año a ropa que no puedes comprar nueva.
"Tardamos demasiado en hacer esto", admite Wintour en una rara entrevista de retrospección. "Pasamos décadas diciéndole a la gente qué comprar, qué era 'in', qué era 'out'. Alimentamos un sistema insostenible porque vendía revistas y generaba anuncios. Pero llegó un punto donde no podíamos seguir ignorando que ese sistema está matando al planeta. Así que cambiamos".
El número se agota en tres días. Vogue recibe 40,000 cartas, emails, y DMs. El 92% son positivos. La gente está lista para un cambio. Han estado listas. Solo estaban esperando que alguien con la plataforma de Wintour les diera permiso.
En un pueblo de Oaxaca, las abuelas que se volvieron millonarias
Agosto de 2025. Santa María Tlahuitoltepec es un pueblo zapoteco donde por generaciones las mujeres han tejido huipiles con técnicas que datan de siglos. Por décadas vendieron estas piezas por $20-30 dólares a turistas.
Entonces llegó Instagram. Influencers comenzaron a usar sus diseños (muchas veces sin darles crédito, pero ese es otro problema). Marcas de lujo comenzaron a copiar sus patrones. Y finalmente, las tejedoras se organizaron.
Crearon su propia marca: Tlahuitoltepec Textiles. Vendieron directamente online. Pusieron precios reales: $300-800 dólares por una pieza que tarda semanas en tejer. Y para sorpresa de nadie excepto ellas, vendieron todo.
Doña Rufina, de 68 años, está sentada en su telar mostrando a su nieta cómo crear un patrón específico. "Estas manos", levanta sus manos arrugadas, "han tejido por 50 años. Antes, la gente quería pagarme menos de un dólar por hora de mi trabajo. Ahora me pagan lo que vale. No cambió mi trabajo. Cambió lo que el mundo está dispuesto a valorar".
Para octubre de 2025, Tlahuitoltepec Textiles tiene pedidos de Barneys, Dover Street Market, y una colaboración con Gabriela Hearst. Las abuelas que empezaron cobrando $20 dólares por semanas de trabajo ahora están construyendo casas nuevas. Y aun así, mantienen las técnicas intactas. Porque el valor está en la autenticidad, no en la velocidad.
Lo que Gen Z le está enseñando a sus padres
Octubre de 2025. En un mall en Los Angeles, una chica de 16 años está discutiendo con su madre en una tienda H&M. No porque quiera comprar más. Porque quiere comprar menos. "Mamá, esto es basura. Se va a romper en dos meses. Mejor ahorramos y compramos una cosa buena que dure".
Su madre, de 45, está desconcertada. Ella creció en los 90s cuando más era mejor, cuando renovar tu closet cada temporada era aspiracional. Su hija creció viendo el planeta quemarse en TikTok, viendo documentales sobre vertederos textiles en Ghana en clase de estudios sociales, viendo a sus ídolos como Billie Eilish y Emma Chamberlain hablando sobre consumo consciente.
"Mi generación es rara", explica la chica después, en un video de TikTok que se vuelve viral. "Mis papás piensan que somos frívolos porque estamos en redes sociales todo el tiempo. Pero es precisamente porque estamos en redes sociales que sabemos el costo real de todo. Cuando compras un vestido de $5, nosotros vemos videos de quién lo hizo, dónde terminará, cuántos litros de agua costó. No podemos no saber. Y una vez que sabes, no puedes seguir comprando como antes. O al menos, no puedes sin sentirte como basura".
Para finales de 2025, las ventas de fast fashion entre Gen Z han caído 40%. No porque no puedan pagarla. Porque eligieron no hacerlo. Es el único bojcot que ha funcionado sin siquiera organizarse formalmente.
14 de noviembre de 2025, de vuelta a Bangladesh
Reshma Begum está cerrando el centro de capacitación. Son las 7 p.m. y acaba de terminar una videollamada con un comprador de COS, la marca europea, que quiere hacer un pedido de 5,000 piezas. Salario justo, ambiente seguro, timeline razonable. Hace doce años, esto habría sido impensable.
Su teléfono vibra. Es un mensaje de su hija, que está en universidad en Dhaka estudiando diseño textil sostenible. "Mamá, acabo de firmar mi contrato. Voy a trabajar para Stella McCartney en su nuevo hub de Bangladesh. ¿Puedes creerlo?".
Reshma puede creerlo. De hecho, ella ayudó a hacerlo posible. Cada puntada que dio desde 2013, cada vez que contó su historia, cada vez que se negó a aceptar que las cosas "así son", ayudó a construir el camino para que su hija tenga opciones que ella nunca tuvo.
Sale del edificio y mira hacia donde alguna vez estuvo Rana Plaza. Ahora hay un monumento, y en él, una placa que dice: "1,134 personas murieron aquí para que la moda pudiera ser barata. Nunca más". Abajo, alguien agregó con marcador permanente: "La moda que cuesta vidas no es moda. Es violencia".
Reshma toca la placa, como hace cada noche antes de irse a casa. "Lo logramos", susurra. No todo. No completamente. Pero lo suficiente como para que su hija tenga un futuro diferente. Y a veces, eso es todo lo que una revolución necesita: suficiente cambio para que la próxima generación pueda terminar lo que la anterior empezó.
El cielo de Dhaka se está oscureciendo, pero en el horizonte, las luces del nuevo distrito de textiles sostenibles brillan. Docenas de edificios donde se hace ropa con dignidad, con salarios justos, con transparencia. No es perfecto. Pero es un comienzo. Y los comienzos, como Reshma aprendió hace doce años bajo los escombros, son lo único que necesitas para cambiar el mundo.
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Redactor especializado en moda y tendencias para Fashion Wave.
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